El Cristo de los Desamparados, amortajado por el mismo dolor áspero y terrible de las campanas de Santa María que llevan siglos acompañando nuestra propia muerte. El mediodía del Viernes Santo en Carmona nunca sera ya igual para quienes acompañamos la certeza de que muere por nosotros.
Este año, han doblado a muerte por Dios las mismas campanas que doblaran algún dia por nosotros
Igual que tocarán a gloria por su Resurrección, quizás lo harán por la nuestra,
Entretanto, merezcámoslo.
Que frente tan hermosa renacida
de tristes rosas que el dolor empaña,
rosas brotadas en la misma entraña
que nacen en su muerte entretejidas.
Y la color cansada y transparente
se hace dueña del reflejo en su cara,
crucificadas manos, agua clara,
ojos vueltos en vidrio de repente.

Todo duele porque todo es ausencia,
mientras de los adentros acabados
la sangre espesa clama su inocencia.
Y besando sus pies ensangrentados,
como enredaderas de acre existencia
imploran su luz los desamparados.

Y el desamparo se hace insoportable,
y la ausencia a la vez tan dolorosa,
que tu amor se torna inalcanzable,
y te nacen en las manos frialdades temblorosas.
Cristo de los Desamparados
que en tu desamparo nos cobijas,
y entre tanta espina recostado,
abandonas la vida
como la rosa,
herido y deshojado.